miércoles, febrero 15, 2006

La importante pelotudez de un cura

Declaraciones del vicario general de la Diócesis de Añatuya, Hernán González Cazón a Paula Bistagnino del diario Perfil -publicadas el 5 de febrero-, sobre la acusación de abuso contra el obispo de Añatuya, Adolfo Uriona y el escándalo del Obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone.

“No es comparable (el caso Uriona) con lo de Maccarone. Para empezar, eso fue un delito muchísimo más grave y de alguien que tenía antecedentes. Haya habido o no complot, hubo un hecho real que es innegable y que además es antinatural. Por eso Maccarone renunció, cosa que Uriona no va a hacer de ninguna manera porque no hay razones para que lo haga”.

Por dónde empezar.
El escándalo de Maccarone se desató luego de que se difundiera un video en el que el obispo mantenía relaciones sexuales con un hombre de 23 años, es decir, mayor de edad. Uriona, en cambio fue acusado de abuso sexual por una pasajera de un colectivo que dijo haber sido manoseada por el obispo. El hecho de tener sexo -y más aún homosexual- puede ser una falta ética para un cura, un pecado para los creyentes o un asco “antinatural” para el homofóbico vicario, pero de ninguna manera es un delito. En cambio, de probarse –según desliza el subconsciente de González Cazón, que dice que “fue un delito múchisimo” más leve-, lo de Uriona sí lo es.
Para el vicario, ser puto es más delito que abusar de alguien. Aunque, claro, no es ajena su postura a la de la Iglesia Católica que, como institución, condena con su moralina a homosexuales, presiona al Estado para que impida que tengan derechos civiles o hace lobby en temas como la educación sexual; mientras que, al mismo tiempo, paga fianzas de estafadores –Como monseñor Aguer, de La Plata, en el caso del banquero Trusso- y protege, encubre, mantiene con sus fondos y considera dignos de ser miembros de su clero a pedófilos como Julio César Grassi y monseñor Storni.
Además de discriminatorias, las declaraciones del vicario santiagueño son calificables como una importante pelotudez. Eso sí, muy dignas de su naturaleza.